En el último mes, en la entidad se han difundido una infinidad de encuestas, de todo tipo y de casi todas las casas encuestadoras, y de “influencers” en redes sociales.
No tendría nada de raro eso, su difusión; lo malo es que parece más una estrategia para confundir a los electores, a los ciudadanos, que un mecanismo de información para poder tener elementos en el momento de decidir el voto.
Hay un factor en el que coinciden todas las encuestas y sus difusores en redes: en posicionar solo a dos o tres precandidatos, ya sea a la gubernatura o a la presidencia municipal de Querétaro.
En algunas encuestas han salido nombres como el de Betty León, cuando ella aún no era candidata por ningún partido y a ningún puesto de elección; pero la posicionaban hasta con un 5 por ciento de las “preferencias”. En otras encuestas ni siquiera la tomaban en cuenta, y salía, por ejemplo, Miguel Nava Alvarado, de Redes Sociales Progresistas, hasta con un 6 por ciento de las “preferencias”.
En otras ni Betty ni Miguel aparecen y sale el candidato de Fuerza Por México, Juan Carlos Martínez. Y en otras ninguno de ellos, sino la candidata del PRD.
Pero eso sí, en todas, sí en todas, sale en primer lugar Mauricio Kuri, a veces con 15 puntos, a veces hasta con 25 o 30 puntos de ventaja sobre Celia Maya, la candidata de Morena; y siempre en tercer o cuarto lugar la candidata del PRI, Abigail Arredondo.
Igual comportamiento se ve en las encuestas a la presidencia municipal de Querétaro, pero con mayor confusión porque Morena, uno de los partidos que pueden obtener el triunfo, no tiene candidato o candidata.
Pura confusión de las “encuestas”.
La realidad es que las elecciones son inciertas y las encuestas están sujetas a error; y que nos deberían de ayudar a reducir la incertidumbre, pero no, al contrario, la fomentan, no la eliminan.
Es entendible que las elecciones generen ansiedades, y también que algunos vean a las encuestas como tranquilizantes.
Pero aquí hay otro síntoma de nuestros tiempos: se consumen encuestas en sobredosis y luego se les echa la culpa de su derrota.
Todas las encuestas publicadas son como las aseguradoras: en las letras chiquitas traen el detalle, en todas las encuestas nos dicen en el último reglón que no valen porque no hay candidatos. Entonces, me pregunto, nos preguntamos: ¿para qué las hacen? Y lo peor, ¿para qué las publican?
La realidad es que las encuestas comenzarán a moverse hasta que todos los candidatos estén registrados con nombres y apellidos.
Y cuando decimos todos, son todos: a gobernador, a presidentes municipales, a diputados locales y federales.
Porque cuando hay precandidatos, la historia del candidato no existe, y por lo tanto, las encuestas no son predecibles de los resultados, solo causan confusión, sin lograr crear tendencia, que es lo que quieren los que las pagan.
Se puede y se debe mejorar la exactitud de las encuestas, ya que estas son un importante instrumento de la vida democrática y es fundamental que gocen de credibilidad.
Ponerlas en tela de juicio es saludable, pero emitir un veredicto sin evidencia ni juicio no ayuda.
[Me Lleva el Diablo] Elecciones inciertas, encuestas inciertas y “sondeos” que solo causan confusión
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